viernes, 23 de abril de 2010

¿Salas? No en Madrid

En Madrid hay un evidente problema con las salas de conciertos. En cantidad hay muchas, pero no satisfacen las necesidades de una capital llena de grupos de música que buscan desesperadamente subirse a un escenario. La gran mayoría de salas son relativamente pequeñas, con capacidad para unos 3OO asistentes de media. Hay excepciones aisladas, claro esta, como la Riviera o la Sala Heineken, donde caben más de 1OOO. Los grupos noveles de la ciudad se ven sometidos a la dinámica de tener que pagar para poder tocar, pues deben alquilar la sala a un alto coste que muchas veces no pueden permitirse. Se la juegan, porque invierten en un concierto un dinero que seguramente no recuperen, a menos que pongan la entrada a un precio que poca gente esta dispuesta a pagar por ver a un grupo principiante. Así, desgraciadamente los grupos no tienen todas las oportunidades que podrían tener.

Al mismo tiempo, esa enorme cantidad de salas pequeñas no sirven para traer a grupos internacionales, que acostumbran a no incluir Madrid en sus giras europeas porque ven que no pueden tocar en ningún sitio ya que solo tienen la opción de tener que pagar un alto alquiler en una de las dos salas mencionadas o irse a un estadio de mayor tamaño, como Vistalegre, Las Ventas o el palacio de los Deportes. Los grupos que no llenan un sitio tan grande, deciden por olvidarse de Madrid, pues se corre el riesgo de tener perdidas en vez de ganancias, y para esos grupos la música es un negocio, un trabajo en el que no pueden permitirse perder dinero.

Mención aparte es la inexistencia de salas de conciertos preparadas especialmente para eso. Los estadios mencionados antes son lugares en los que se montan conciertos, pero la acústica es pésima ya que son edificaciones construidas para el deporte o el toreo, no para la música. Por otra parte, muchos locales son realmente discotecas que alquilan la sala durante un breve periodo de tiempo entre la tarde y la noche, y echan (muchas veces de mala manera) al publico nada mas terminar el concierto, ya que en seguida empieza una sesión de discoteca que no incluía la entrada al concierto. Eso por no hablar de los desorbitados precios que tienen las consumiciones dentro del local. Por todo ello, nos encontramos con un público que, lógicamente, se siente maltratado por la sala, que ve como quiere ganar beneficios sea como sea.


http://www.youtube.com/watch?v=T39I0vp5t44

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