viernes, 23 de abril de 2010

De Pignoise hasta La Polla

Todo empezó con un reportaje de Informe Semanal que, como señala jocosamente Evaristo, vocalista de La Polla Records y uno de los principales rostros de la escena punk española, ‘aquel día debimos estar viéndolo todos, y gracias a eso sigue teniendo la audiencia que tiene hoy en día’. Aquella noche de un lejano 1977 millones de personas vieron a través de sus televisores las extravagancias de unos jóvenes con ropa rara y pelos de colores que desde hacía un lustro venían campando por los suburbios de Londres. Con la muerte del Caudillo y recién nacida la Transición se abrieron las puertas para el más defenestrado pero sin lugar a dudas también el más imaginativo movimiento musical de la historia de España. Muchos de los chicos que hasta entonces habían tenido que guardar silencio se vieron desatados de repente y se lanzaron a la calle para hacerla suya. Como afirma el mismo Evaristo, ‘tuvimos la suerte de que coincidió nuestra adolescencia, conocer la música y las drogas todo a la vez. Y nosotros llegamos a creérnoslo’.

Durante los últimos años de la década de los 70 ya se habían dejado escuchar los primeros guitarreos desde el norte con grupos como Basura o La Banda Trapera del Río, pero el verdadero estallido se produjo al principio de los años 80 con una coordinación inusitada. En palabras de Manolo UVI, alma máter del grupo La UVI, “aparecieron grupos en Euskadi, en Madrid, en Zaragoza y en el sur; este país no ha conocido un movimiento así y dudo que pueda volver a producirse”. El punk, que hasta entonces se había considerado únicamente como una actitud de rechazo contra el sistema establecido, iba a hacer de la música un medio para canalizar todo el odio y la creatividad que albergaban muchos jóvenes de la época. De un año a otro las fiestas de los pueblos se llenaron de crestas y tachuelas llenas de rabia y con hambre de diversión, y los primeros grupos empezaban a grabarse en la memoria del público: Delincuencia Sonora, Anti-Régimen, Bap!!, Etzaiak, Alarma, Hertzainak...

Mañana sol, buen tiempo y Hardcore en los 40. Sin embargo, 20 años después el temor a que el movimiento underground por excelencia se convirtiera en un fenómeno comercial se cumplió a principios de los años noventa en Estados Unidos y poco más tarde en España. el estilo grunge de los capitalinos provocó que nos se les considerara los ‘traidores’ del movimiento. Ese rango lo ostentarían tres bandas: Rancid, The Offspring y Green Day. Aquí comienza lo que se ha considerado la segunda ola del punk. Jello Biafra, voz de los Dead Kennedys, lo resume así: ‘La música era tan intensa que devoró la inevitable atención de las masas, pero tarde o temprano iba a llegar porque la música era muy buena’. Para cuando esto ocurrió el punk se había extendido más de lo que lo había hecho nunca: “Smash”, el tercer álbum de The Offspring lanzado en 1994, tiene dos dudosos honores desde la perspectiva punk rock: ser el disco considerado de género “punk” más vendido de la historia y ser también el trabajo más vendido bajo un sello independiente (Epitaph) con 16 millones de copias. De esta forma el punk rock llegó a gente que antes jamás había escuchado este tipo de música, lo cual dividió a sus artistas en dos grupos: los que realmente perseguían ese fin y ficharon por multinacionales, y los que se avergonzaban al verse a sí mismos en los medios y continuaron en discográficas independientes. La degeneración ha llegado hasta tal punto que los medios han terminado por reconocer en eso el verdadero punk y parece que la sociedad se lo ha creído. Pero es precisamente a causa de ello que Miguelón de Anti-Régimen nos recuerda que ‘lo que empezó siendo un golpe de rebeldía a la sociedad ha derivado en una batalla contra ella, una lucha que continúa; que seguimos presentes y que por desgracia va a continuar. No la vamos a ganar, pero por eso estamos ahí’. Auténticos grupos punk como Hachazo, Malas Cartas o Chicharrica nos siguen haciendo pensar que el punk aún no ha muerto.

¿Salas? No en Madrid

En Madrid hay un evidente problema con las salas de conciertos. En cantidad hay muchas, pero no satisfacen las necesidades de una capital llena de grupos de música que buscan desesperadamente subirse a un escenario. La gran mayoría de salas son relativamente pequeñas, con capacidad para unos 3OO asistentes de media. Hay excepciones aisladas, claro esta, como la Riviera o la Sala Heineken, donde caben más de 1OOO. Los grupos noveles de la ciudad se ven sometidos a la dinámica de tener que pagar para poder tocar, pues deben alquilar la sala a un alto coste que muchas veces no pueden permitirse. Se la juegan, porque invierten en un concierto un dinero que seguramente no recuperen, a menos que pongan la entrada a un precio que poca gente esta dispuesta a pagar por ver a un grupo principiante. Así, desgraciadamente los grupos no tienen todas las oportunidades que podrían tener.

Al mismo tiempo, esa enorme cantidad de salas pequeñas no sirven para traer a grupos internacionales, que acostumbran a no incluir Madrid en sus giras europeas porque ven que no pueden tocar en ningún sitio ya que solo tienen la opción de tener que pagar un alto alquiler en una de las dos salas mencionadas o irse a un estadio de mayor tamaño, como Vistalegre, Las Ventas o el palacio de los Deportes. Los grupos que no llenan un sitio tan grande, deciden por olvidarse de Madrid, pues se corre el riesgo de tener perdidas en vez de ganancias, y para esos grupos la música es un negocio, un trabajo en el que no pueden permitirse perder dinero.

Mención aparte es la inexistencia de salas de conciertos preparadas especialmente para eso. Los estadios mencionados antes son lugares en los que se montan conciertos, pero la acústica es pésima ya que son edificaciones construidas para el deporte o el toreo, no para la música. Por otra parte, muchos locales son realmente discotecas que alquilan la sala durante un breve periodo de tiempo entre la tarde y la noche, y echan (muchas veces de mala manera) al publico nada mas terminar el concierto, ya que en seguida empieza una sesión de discoteca que no incluía la entrada al concierto. Eso por no hablar de los desorbitados precios que tienen las consumiciones dentro del local. Por todo ello, nos encontramos con un público que, lógicamente, se siente maltratado por la sala, que ve como quiere ganar beneficios sea como sea.


http://www.youtube.com/watch?v=T39I0vp5t44

SA reventó la capital

Madrid les recibió como siempre recibe a SA, de la única forma que sabe: con los brazos abiertos y agotando las entradas. Aunque el evento estaba previsto para las ocho de la tarde , su comienzo se retrasó debido a unos problemas técnicos con los amplificadores. Finalmente, con cuarenta minutos de eepera extra, The Eyes abrieron la veda. Buen grupo éste, pese a la juventud que les alumbra, saben cómo aporrear unos instrumentos. Pero lo que todo el mundo había ido a ver estaba por llegar. Ver tocar en directo a Soziedad Alkohólika es ver tocar al que posiblemente sea el mejor grupo de la escena Punk Metal de este país. El espectáculo comenzó como casi siempre con su habitual tema de arranque, el temazo ‘Palomas y Buitres’. Pero el protagonismo pronto pasó a manos de su último trabajo, el ya nombrado ‘Sesión #2’, mediante el cual han querido versionar veinte años después el que fue su primer álbum, ya un clásico de las estanterías: el ‘Disco Negro’ de SA ‘Perra vida’ y ‘Intoxicación Etílica’ furon los primeros en sonar, para ir provocando la caída de la baba entre el personal. El apoteois final llegó con otro clásico de los vascos.

Al temazo ‘Cuando nada vale nada’ le sucedió ‘Piedra contra tijera’, cancion dedicada a a la lucha por la determinación del pueblo vasco. ‘Política del miedo’ se les coló entre los temas finales, para terminar llegando al ‘Nos vimos en Berlín’, del que saben bien que es muy del gusto de la gente. El últmo pogo se bailó al ritmo de esta canción, que habla de la recoversión de víctima a vrdugo que ha experimentado el pueblo judio y que pasa por ser uno de los que más cera reparte de todo su set list. Al final, un gran concierto que se fue hasta las dos horas y cuarto, detalle que con seguridad nadie de los que estaba allí tuvo tiempo de percatarse porque estaba más preocupado de controlar la felicidad con la que llegaría a casa.