
Todo empezó con un reportaje de Informe Semanal que, como señala jocosamente Evaristo, vocalista de La Polla Records y uno de los principales rostros de la escena punk española, ‘aquel día debimos estar viéndolo todos, y gracias a eso sigue teniendo la audiencia que tiene hoy en día’. Aquella noche de un lejano 1977 millones de personas vieron a través de sus televisores las extravagancias de unos jóvenes con ropa rara y pelos de colores que desde hacía un lustro venían campando por los suburbios de Londres. Con la muerte del Caudillo y recién nacida la Transición se abrieron las puertas para el más defenestrado pero sin lugar a dudas también el más imaginativo movimiento musical de la historia de España. Muchos de los chicos que hasta entonces habían tenido que guardar silencio se vieron desatados de repente y se lanzaron a la calle para hacerla suya. Como afirma el mismo Evaristo, ‘tuvimos la suerte de que coincidió nuestra adolescencia, conocer la música y las drogas todo a la vez. Y nosotros llegamos a creérnoslo’.
Durante los últimos años de la década de los 70 ya se habían dejado escuchar los primeros guitarreos desde el norte con grupos como Basura o La Banda Trapera del Río, pero el verdadero estallido se produjo al principio de los años 80 con una coordinación inusitada. En palabras de Manolo UVI, alma máter del grupo La UVI, “aparecieron grupos en Euskadi, en Madrid, en Zaragoza y en el sur; este país no ha conocido un movimiento así y dudo que pueda volver a producirse”. El punk, que hasta entonces se había considerado únicamente como una actitud de rechazo contra el sistema establecido, iba a hacer de la música un medio para canalizar todo el odio y la creatividad que albergaban muchos jóvenes de la época. De un año a otro las fiestas de los pueblos se llenaron de crestas y tachuelas llenas de rabia y con hambre de diversión, y los primeros grupos empezaban a grabarse en la memoria del público: Delincuencia Sonora, Anti-Régimen, Bap!!, Etzaiak, Alarma, Hertzainak...
Mañana
sol, buen tiempo y Hardcore en los 40. Sin embargo, 20 años después el temor a que el movimiento underground por excelencia se convirtiera en un fenómeno comercial se cumplió a principios de los años noventa en Estados Unidos y poco más tarde en España. el estilo grunge de los capitalinos provocó que nos se les considerara los ‘traidores’ del movimiento. Ese rango lo ostentarían tres bandas: Rancid, The Offspring y Green Day. Aquí comienza lo que se ha considerado la segunda ola del punk. Jello Biafra, voz de los Dead Kennedys, lo resume así: ‘La música era tan intensa que devoró la inevitable atención de las masas, pero tarde o temprano iba a llegar porque la música era muy buena’. Para cuando esto ocurrió el punk se había extendido más de lo que lo había hecho nunca: “Smash”, el tercer álbum de The Offspring lanzado en 1994, tiene dos dudosos honores desde la perspectiva punk rock: ser el disco considerado de género “punk” más vendido de la historia y ser también el trabajo más vendido bajo un sello independiente (Epitaph) con 16 millones de copias. De esta forma el punk rock llegó a gente que antes jamás había escuchado este tipo de música, lo cual dividió a sus artistas en dos grupos: los que realmente perseguían ese fin y ficharon por multinacionales, y los que se avergonzaban al verse a sí mismos en los medios y continuaron en discográficas independientes. La degeneración ha llegado hasta tal punto que los medios han terminado por reconocer en eso el verdadero punk y parece que la sociedad se lo ha creído. Pero es precisamente a causa de ello que Miguelón de Anti-Régimen nos recuerda que ‘lo que empezó siendo un golpe de rebeldía a la sociedad ha derivado en una batalla contra ella, una lucha que continúa; que seguimos presentes y que por desgracia va a continuar. No la vamos a ganar, pero por eso estamos ahí’. Auténticos grupos punk como Hachazo, Malas Cartas o Chicharrica nos siguen haciendo pensar que el punk aún no ha muerto.

Durante los últimos años de la década de los 70 ya se habían dejado escuchar los primeros guitarreos desde el norte con grupos como Basura o La Banda Trapera del Río, pero el verdadero estallido se produjo al principio de los años 80 con una coordinación inusitada. En palabras de Manolo UVI, alma máter del grupo La UVI, “aparecieron grupos en Euskadi, en Madrid, en Zaragoza y en el sur; este país no ha conocido un movimiento así y dudo que pueda volver a producirse”. El punk, que hasta entonces se había considerado únicamente como una actitud de rechazo contra el sistema establecido, iba a hacer de la música un medio para canalizar todo el odio y la creatividad que albergaban muchos jóvenes de la época. De un año a otro las fiestas de los pueblos se llenaron de crestas y tachuelas llenas de rabia y con hambre de diversión, y los primeros grupos empezaban a grabarse en la memoria del público: Delincuencia Sonora, Anti-Régimen, Bap!!, Etzaiak, Alarma, Hertzainak...
Mañana
sol, buen tiempo y Hardcore en los 40. Sin embargo, 20 años después el temor a que el movimiento underground por excelencia se convirtiera en un fenómeno comercial se cumplió a principios de los años noventa en Estados Unidos y poco más tarde en España. el estilo grunge de los capitalinos provocó que nos se les considerara los ‘traidores’ del movimiento. Ese rango lo ostentarían tres bandas: Rancid, The Offspring y Green Day. Aquí comienza lo que se ha considerado la segunda ola del punk. Jello Biafra, voz de los Dead Kennedys, lo resume así: ‘La música era tan intensa que devoró la inevitable atención de las masas, pero tarde o temprano iba a llegar porque la música era muy buena’. Para cuando esto ocurrió el punk se había extendido más de lo que lo había hecho nunca: “Smash”, el tercer álbum de The Offspring lanzado en 1994, tiene dos dudosos honores desde la perspectiva punk rock: ser el disco considerado de género “punk” más vendido de la historia y ser también el trabajo más vendido bajo un sello independiente (Epitaph) con 16 millones de copias. De esta forma el punk rock llegó a gente que antes jamás había escuchado este tipo de música, lo cual dividió a sus artistas en dos grupos: los que realmente perseguían ese fin y ficharon por multinacionales, y los que se avergonzaban al verse a sí mismos en los medios y continuaron en discográficas independientes. La degeneración ha llegado hasta tal punto que los medios han terminado por reconocer en eso el verdadero punk y parece que la sociedad se lo ha creído. Pero es precisamente a causa de ello que Miguelón de Anti-Régimen nos recuerda que ‘lo que empezó siendo un golpe de rebeldía a la sociedad ha derivado en una batalla contra ella, una lucha que continúa; que seguimos presentes y que por desgracia va a continuar. No la vamos a ganar, pero por eso estamos ahí’. Auténticos grupos punk como Hachazo, Malas Cartas o Chicharrica nos siguen haciendo pensar que el punk aún no ha muerto.

